El Efecto Mariposa: Porqué los Pequeños Cambios Tienen Consecuencias Drásticas

Foto: Jian Xhin

 

Si fueras un granjero y la fauna local poco a poco consume tus cultivos, ¿Qué es lo que harías para solucionar este problema?

 

En 1958, los líderes chinos acababan de lanzar el “Gran Salto Adelante”, un movimiento que apuntaba a impulsar la economía a través de grandes cambios industriales y agrícolas. Una de las primeras campañas lanzadas en esta iniciativa fue la llamada Campaña de las Cuatro Plagas.

 

El líder Mao Zedong inició esta campaña luego de llegar a la conclusión de que cuatro plagas -los mosquitos, las moscas, las ratas y los gorriones- estaban arruinando los cultivos y debían eliminarse. Los gorriones especialmente fueron culpados por su predilección por los granos.

 

En base a esta conclusión, la población fue llamada a exterminar estas plagas. Se pusieron espantapájaros y banderas rojas para ahuyentar a los gorriones, mientras que al mismo tiempo se establecían zonas autorizadas para dispararles.

 

Un ciudadano registró en su diario que la gente “golpeaba [sus] gongs, tambores, palanganas y cualquier otra cosa que pudiera hacer ruidos fuertes. Los gorriones se vieron obligados a seguir volando hasta que caian muertos por la fatiga “.

 

Sin embargo, después de que miles de estos pajaros fueran muertos, los cultivos curiosamente empezaron a disminuir, en vez de aumentar. En 1960, los científicos descubrieron que las dietas de los gorriones estaban compuestas por tres cuartos de insectos y solo un cuarto de granos. Así que Mao reemplazó al gorrión con las chinches en la lista de cuatro plagas con la esperanza de mejorar la situación.

 

Pero ya era demasiado tarde.

 

Sin gorriones, las poblaciones de langostas se multiplicaron y diezmaron los campos. La situación se volvió tan grave que el gobierno importó gorriones desde la Unión Soviética para tratar de luchar contra esta peste. La combinación de las langostas, el uso indebido de pesticidas y la deforestación causo la Gran Hambruna China, en la que más de 30 millones de personas murieron por inanición.

 

Las Acciones Provocan Reacciones, Pero No Necesariamente Las Que Nosotros Esperamos

 

Cada vez que ejecutamos una acción para tratar de lograr un fin, se produce un resultado. Pero los eventos que suceden podrían no hacerlo de la manera que lo esperamos. Tal como matar a los gorriones llevó a una hambruna, un acto bien intencionado puede dar como resultado algo muy diferente a lo anticipado. Aquí es donde entra en juego la ley de las consecuencias imprevistas.

 

Esta ley establece que intervenir en un sistema complejo puede generar resultados no imaginados, estos pueden ser tanto buenos como malos. Hay tres tipos de consecuencias imprevistas que pueden suceder:

 

Un beneficio inesperado: también conocido como serendipia, un resultado puede generar una situación positiva inesperada. Por ejemplo, los barcos que se hundieron cerca de la costa debido a la guerra o las tormentas crean arrecifes artificiales. Estos atraen a buzos y a pescadores aficionados, generando asi ingresos por turismo, junto con valiosas fuentes de investigación para los científicos.

 

Un obstaculo inesperado: una acción que genera el resultado previsto también puede tener un efecto secundario negativo. Además de la fracasada Campaña de las Cuatro Pestes en China, la prohibición del alcohol en la década del ’20 en los Estados Unidos llevó a muchos proveedores pequeños de alcohol a cerrar, dejando solamente organizaciones delictivas grandes. Estas organizaciones podían suministrar todo el alcohol demandado y asi usar esos nuevos ingresos para otras actividades ilegales.

 

Un resultado perverso: una acción fracasa, empeorando aún más la situación. Un ejemplo es el movimiento para la abstinencia de alcohol en Irlanda del siglo XIX, dirigido por Theobald Mathew. Cientos de miles se comprometieron a no beber alcohol, y esto llevó a incrementar el consumo de éter dietílico, un químico mucho más peligroso, por parte de aquellas personas que no quisieron romper su promesa.

 

En muchos casos, vemos que las personas a menudo se sorprenden con los resultados de algo que han hecho. ¿Por qué Theobald no pudo ver el impacto negativo de su promesa de abstinencia del alcohol?

 

¿Qué es lo que causa que una acción, sin importar cuán cuidadosamente este planificada, conduzca a tales consecuencias inesperadas?

 

Por Qué No Podemos Anticipar el Resultado de Antemano

 

Una razón por la cual pasan consecuencias involuntarias a menudo es que vivimos en un mundo complejo. Cuando es difícil planificar incluyendo todas las posibilidades, muchos factores terminan sin ser considerados. Un cambio que es aparentemente pequeño puede alterar el equilibrio y provocar que otras partes de varios sistemas (ambientales, políticos, sociales, etc.) también cambien como resultado.

 

Además de la naturaleza del mundo en el que vivimos, las consecuencias imprevistas también se deben a errores humanos. Podemos hacer juicios erróneos debido a la falta de conocimiento e investigación, o quedar cegados por un exceso de confianza en nuestras habilidades. Puede ser también difícil especular sobre cómo se van a comportar otros y el impacto de sus reacciones.

 

Otras veces, perdemos el duelo contra nuestras emociones. Actuamos a menudo basados en la gratificación inmediata más que en los beneficios a largo plazo. Emociones, tales como el miedo o la ira, nos dificultan pensar con claridad y pueden hacernos cometer actos que luego lamentamos. Pueden crear un tipo de visión de túnel, generando que logremos una meta que podría tener efectos indeseables.

 

El comprender una situación y a su vez darte el tiempo y los recursos para tomar una decisión correcta puede ayudarte a pensar con claridad sobre el impacto de varias alternativas. Siempre van a existir situaciones imprevistas, pero el ganar experiencia para lidiar con ellas es un paso importante hacia un resultado favorable.

 

Cómo Planificar para las consecuencias imprevistas

 

Hay tres métodos que se pueden usar para evitar los resultados no deseados:

 

1. Análisis histórico.

2. Testeo.

3. Pensamiento racional.

 

Veamos cada uno de estos métodos en profundidad.

 

Estudiar eventos similares en el pasado. Al aprender sobre situaciones similares que sucedieron antes, podemos ser más conscientes de inconvenientes y beneficios. Tal como vimos en la Campaña de las Cuatro Plagas, la alteración del ecosistema conduce a un desequilibrio que cambia la calidad de nuestras vidas. Podemos usar esta información para estudiar cómo un cambio puede dañar o ayudar a otra parte del sistema.

 

Usar una pequeña muestra como prueba. Antes de implementar algo masivamente, podemos probarlo en un ámbito mas pequeño para ver primero los resultados. Los hospitales a menudo usan pruebas, conocidas como estudios piloto, como una forma de probar nuevas tecnologías y métodos sanitarios. Si, como resultado, la atención hospitalaria mejora en el ámbito testeado, los cambios también se implementan en otros hospitales.

 

Pensar. Tomar decisiones confiando exclusivamente en las emociones puede nublar nuestro juicio. Luego esas emociones fuertes y temporarias se debilitarán. Demorar una decisión puede permitir el pensar y ajustar lo que sea necesario. Por ejemplo, hacer algo rápido solo para terminarlo “de una vez por todas” puede ser contraproducente si no se hace correctamente, lo que genera tener que desperdiciar más tiempo y energía.

 

Estos métodos pueden aplicarse en todos los niveles, desde las decisiones que afectan a grupos grandes de personas hasta las que enfrentamos en nuestras vidas privadas.Estas son las formas en las que he implementado estos métodos en mi vida:

 

* Análisis histórico: cuando tomo una decisión importante, como una inversión financiera, aprendo de las experiencias de otras personas para asi saber sobre las consecuencias previstas e imprevistas sobre situaciones similares.

* Estudio piloto: si tengo una historia que creo que sería interesante compartir, primero se la contaré solo a unas pocas personas para asi conocer sus reacciones y comentarios.

* Pensamiento racional: cuando recibo un mensaje importante que necesita una respuesta, espero por lo menos un día antes de enviar mi réplica para asegurar que mi respuesta haya sido bien pensada y sea bien interpretada.

 

Manejando Nuestras Vidas en un Mundo Impredecible

 

Siempre van a haber restricciones que nos impidan conocer todas las consecuencias de nuestras decisiones. El tiempo limitado que tenemos, nuestras restricciones de recursos y la complejidad del mundo que nos rodea hacen que los eventos inesperados sean una parte natural de la vida.

 

Lo más importante es estar atento a todas las posibilidades que pueden surgir. Usando las herramientas a nuestra disposición, podemos hacer lo que esté a nuestro alcance para protegernos contra los resultados indeseables. Al mismo tiempo, tenemos que abrirnos a una potencial serendipia.

 

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Están Hechos los Humanos para Ser Felices ?

Hoy en día, el concepto de la felicidad parece estar presente permanentemente en nuestras mentes.

 

Reflexionamos sobre las cosas que nos dan placer y pensamos en cómo incorporar más de ellas en nuestras vidas. Debatimos sobre cómo lidiar con los trastornos mentales y la depresión. Combatimos la soledad, la crítica y la negatividad regularmente.

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 4 por ciento de la población mundial sufre de depresión. Las pérdidas económicas globales llegan a un total de más de 1 trillón de dólares anuales debido a la disminución de la productividad. Cuando la gente se fatiga o se estresa, les resulta mas difícil resolver los problemas que surgen tanto en el trabajo como en el hogar.

 

Si estamos tan obsesionados con la felicidad, ¿Por qué estamos generalmente tan desdichados?

 

Nuestra Obsesión con la Felicidad

 

Irónicamente, nuestra cultura orientada a hacernos mas felices podría ser la fuente de nuestra infelicidad.

 

En un estudio, se pidió a tres grupos de participantes que resolvieran una serie de problemas. Un grupo fue llevado a una “habitación feliz”, llena de libros sobre la felicidad, la motivación y fotos de personas en vacaciones. Aquí, se les pidió que resolvieran una serie de tareas imposibles de hacer.

 

Al segundo grupo también se le pidió que completara el mismo conjunto de tareas, pero en un sala normal, sin libros ni posters. Al tercer grupo se le pidió que completara una serie de tareas diferente en la “habitación feliz”, la diferencia era que las tareas podían resolverse.

 

Al final del estudio, el grupo que no pudo resolver los problemas en la primer habitación tenía tres veces más chances de quedar atrapados rumiando sus errores comparado con aquellos que habían intentado y fallado la misma actividad en la sala común. El primer grupo también tuvo una mayor cantidad de pensamientos negativos. El tercer grupo, que fue el que completo las tareas exitosamente en la primer habitación, no tuvo pensamientos negativos ni tampoco se quedo pensando sobre los problemas.

 

Cuando trasladamos estos hallazgos al contexto de nuestra sociedad, podemos ver cómo nuestro entorno afecta nuestros estados de ánimo. Los anuncios publicitarios generalmente muestran grupos de personas riéndose, nuestros amigos publican imágenes de sí mismos pasando buenos momentos y los mensajes motivacionales nos incentivan a mantenernos optimistas y positivos.

 

Sentirse diferente crea una sensación de aislamiento y soledad. Tal como sucedió a los participantes del estudio, el estar rodeado de felicidad cuando fallamos aumenta nuestra negatividad.

 

La pregunta es entonces: ¿Cómo debería ser nuestro enfoque acerca de la felicidad?
Para responder esto, veamos su origen.

 

El Origen de la Felicidad

 

La felicidad ha sido discutida ampliamente en muchas culturas, desde los antiguos Griegos y Romanos, pasando por las religiones Budistas e Hindúes, e incluso los Vikingos. Los filósofos griegos Sócrates y Platón hablaron de este concepto por primera vez alrededor del año 400 AC, algo que luego Aristóteles proseguiría desarrollando.

 

De forma interesante, la palabra que los griegos usaron para describir este fenómeno fue “eudaimonia”. La primer parte “eu” se traduce en “bueno” y la segunda mitad “daimon” se traduce como “espíritu”. Aunque esta palabra fue traducida como “felicidad”, una mejor manera de describirla seria “humano floreciente” o “buena vida”.

 

Aunque generalmente pensamos de la felicidad como una emoción, alegria o simplemente un impulso para sonreír, los antiguos filósofos veían la felicidad como una virtud. Según Aristóteles, la felicidad consiste en la realización de nuestros propósitos. Para los humanos, esto significa participar en actividades racionales y pensar mientras se vive con honestidad, justicia, coraje y confianza.

 

En la filosofía clásica, la felicidad no se trata de una emoción. De hecho, alguien puede pasar por grandes infortunios y seguir siendo feliz basado en sus acciones y pensamientos. Eudaimonia se trata de vivir bien como ser humano, independientemente de las circunstancias.

 

Esto difiere bastante del concepto moderno de la felicidad. Nosotros tendemos a ver a la felicidad como un estado emocional, donde disfrutamos la excitación de nuestros logros, o nos sentimos a salvo del estrés y el sufrimiento del mundo. Es algo emocionante y euforizante, pero tiende a ser fugaz. La eudaimonia, por otro lado, es un estado perpetuo del ser.

 

Si seguimos la antigua definición griega, la felicidad no era alcanzable por la gran mayoría de las personas. Tomaba entendimiento, disciplina y trabajo duro. Si bien muchos aspiraban a ella, pocos la lograban.

 

Para que están hechos los Humanos

 

Ansiamos satisfacción. Queremos alcanzar un estado permanente de euforia, donde todos nuestros problemas se resuelven y nuestras preocupaciones desaparecen. Aunque es un buen pensamiento, es irreal.

 

Nosotros no podemos permanecer en el mismo estado de ánimo para siempre. Las emociones, naturalmente, tienen altibajos, sin importar los cambios o la falta de ellos en nuestras vidas. Entonces, si no estamos hechos para ser felices, de acuerdo con la definición moderna de la felicidad, ¿Para qué estamos hechos?

 

Consideremos lo siguiente: los humanos no están hechos para ser felices. Los humanos están hechos para sobrevivir.

 

No estamos destinados a quedar atrapados constantemente en un mismo estado emocional. Pensándolo un poco: si estás constantemente satisfecho con el status quo, entonces cualquier motivación que pudieras tener desaparecería.

 

Recordá la última vez que estuviste realmente emocionado por algo. Tal vez te deleitaste cuando recibiste una oferta por tu trabajo soñado, completaste una maratón o te casaste. Tal vez estuviste en un intrépido viaje a Islandia o saliste con tus amigos hasta la madrugada.

 

Queremos que estos momentos duren para siempre. Si pudiéramos, los prolongaríamos por el mayor tiempo posible. Sin embargo, no duran mucho. Incluso si pudiéramos seguir reviviendo nuestros mejores momentos, nos cansaríamos de ellos tarde o temprano. Hacer algo una vez es emocionante. Hacer algo una y otra vez es una rutina. Si bien las rutinas suministran confort y seguridad, también pueden ser mundanas.

 

Eventualmente, vamos a querer más. Nos cansamos de nuestro rol, por lo que aspiramos a un ascenso o a un nuevo trabajo. Salir todo el tiempo se vuelve aburrido, por lo que empezamos a pensar en asentarnos.

 

Cuando pensamos nuestro propósito como supervivencia, la motivación detrás de nuestras acciones adquiere sentido. Tendemos a explorar lo desconocido para traer nuevos conocimientos y recursos para enriquecer nuestras vidas. Emprendemos algo nuevo y, a cambio, esperamos una mejor calidad de vida para nosotros y nuestras familias. Si no cumplimos esa necesidad de experimentar cosas nuevas, entonces nos intranquilizamos.

 

Como resultado, nos esforzamos por lograr cosas, superando obstáculos y dificultades para experimentar un fugaz momento de euforia. Cuando llegamos a ese momento, es emocionante. Pero a medida que pasa el tiempo, esto se calma. Entonces, volvemos al principio de aquel círculo vicioso (o dependiendo de cómo lo veas, círculo virtuoso) de felicidad.

 

Una Forma Realista de Ser Feliz

 

A lo largo de los siglos, la felicidad ha pasado por varias definiciones: fue una acción, una forma de vida y, más recientemente, una emoción. El problema con este última es que las emociones no duran. Las situaciones cambian. Solo podes sentirte satisfecho por un rato.

 

Pero cuando miras a la felicidad desde una perspectiva filosófica, como una forma de pensar y de vivir, podes ser feliz sin importar tu condición. En el pasado prehistórico, la felicidad se alcanzaba ayudando a la tribu a durar otro invierno, ya sea recolectando frutos o ayudando en la cacería. Hoy en día, la felicidad se consigue tratando a los demás amablemente o administrando las finanzas de la familia para ahorrar para la educación de los hijos.

 

Como Buda dijo una vez: “No hay camino hacia la felicidad: la felicidad es el camino”.

 

Sentirse deleitado por lograr un resultado deseado no es el objetivo final. ¿Por qué? Porque los sentimientos de emoción, decepción y tristeza desaparecen eventualmente. Lo único que queda es seguir actuando y creyendo de manera que mejore tu vida y la de los que te rodean.

 

Y si sucede algo que te traiga una sonrisa a la cara, aprecia ese momento mientras dura.

 

 

 

 

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Bienvenido al Segundo Renacimiento

Ajusten los cinturones de seguridad porque las cosas se van a poner… diferentes…

 

Las cosas están cambiando. Es decir, realmente cambiando, ahora más que nunca.

 

Fue en 1946 cuando se completó la primera computadora digital. Esta ocupaba 600 metros cuadrados y pesaba aproximadamente cincuenta toneladas.

 

Ahora, menos de un siglo después, cada uno de nosotros es dueño de una computadora que es más poderosa, más versátil y mucho más avanzada … y cabe en nuestro maldito bolsillo.

 

Las cosas que han pasado a lo largo del siglo XX y que siguen pasando en el siglo XXI son eventos que han ocurrido en el transcurso de una vida, pero que tendrán un gran impacto en el futuro sobre varias generaciones.

 

Nos estamos acercando a horizontes nebulosos e inexplorados y todos podemos percibirlo. La humanidad está mirando dentro de la boca de un cañón cargado de futuro, un futuro donde la posibilidad de destrucción y salvación a una escala global nunca ha sido tan prevalente o tan probable.

 

Es una época en la que todas las reglas están siendo re-escritas, donde los sistemas vigentes son cuestionados y re-elaborados, y donde se redefine fundamentalmente lo que significa ser un humano. Vivimos en el momento más excitante de la historia de la humanidad. Es un tiempo de innovación, contemplación, descubrimiento y conectividad.

 

Es, sin dudas, un segundo renacimiento.

 

Una Breve lección sobre Qué es Lo Que Define a Un Renacimiento

 

La palabra Renacimiento es derivada de una palabra francesa que significa resurrección, y generalmente es mas usada para referirse a la fase de la historia europea entre los siglos XIV y XVI, que significaron una nueva era y un renacimiento de las artes clásicas y la intelectualidad de las Antiguas Grecia y Roma.

 

También hubo una masiva agitación social en esta época , definida por la invención de la imprenta de Gutenberg (1450), el “descubrimiento” de América (1492), el descubrimiento de Vasco da Gama de una ruta marítima directa que abrió el comercio con Asia ( 1497), y las teorías de Copérnico sobre un sistema solar heliocéntrico (1510), solo por nombrar algunos ejemplos.

 

Este súbito y repentino desplazamiento de la estructura social asociado con un florecimiento masivo del arte, la ciencia y la literatura , revitalizaron la cultura Europea y la cambiaron fundamentalmente para siempre.

 

Y esto es exactamente lo que estamos viendo hoy en día, solo que esta vez, está ocurriendo a escala global.

 

Arte, Ciencia, Literatura y la Era Digital

 

Con la innovación de Internet y la creación de las redes sociales, el arte, la ciencia y la literatura nunca han sido tan fáciles de compartir ni tan accesibles.

 

A través de plataformas como Instagram, Twitter, Tumblr, Facebook, Youtube, Medium, etc., creadores, innovadores y pensadores de todo tipo y clases sociales nunca, y quiero poner énfasis en esto, NUNCA tuvieron la libertad de compartir sus creaciones e innovaciones con el mundo de la manera que es posible hoy en día.

 

Los músicos ya no tienen que estar encadenados a contratos de las grandes marcas discográficas para poder ganar notoriedad, los autores ahora tienen la capacidad de auto-publicarse y auto-promocionarse sin la necesidad de editoriales o contratos, y los emprendedores tienen un entorno abierto para conectarse y contactarse con aquellos que comparten una visión similar y habilidades complementarias para realizar sus ideas.

 

Esta lista sigue y sigue y sigue.

 

De hecho, la gente en general nunca tuvo la libertad de compartir (o acceder) a la información de la forma a la que es posible hoy en día.

 

Cuando sucede algo remotamente significativo, ya sea negativo o positivo, es casi seguro que aparezca en la página principal de Reddit o en tu cuenta de Twitter minutos después de que ocurra. Estas al tanto de todo en el momento que sucede, recibiendo actualizaciones en vivo de un evento por parte de las personas involucradas o de quienes se encuentran en las cercanías a medida que se desarrolla.

 

Google y Youtube nos permiten tener la respuesta a casi cualquier pregunta que pudiéramos tener segundos después de formularla, y con tutoriales para casi todo tópico , habilidad u oficio existente , podes auto-enseñarte cualquier cosa a un nivel básico e incluso volverte un experto.

 

Las aplicaciones como Skype nos permiten atravesar fronteras y hablar cara a cara con alguna persona (o muchas de ellas) a medio mundo de distancia solo apretando un botón.

 

Nuestra libertad para adquirir, compartir y debatir información se ha vuelto prácticamente ilimitada.

 

Casi nunca contemplamos lo que esto significa porque es una gran parte de nuestra vida cotidiana y ya nos hemos acostumbrado. Pero si te tomas un momento para detenerte y pensar en su significado, es algo completamente surrealista.

 

Es como si cada uno de nosotros actuara como una neurona, transmitiéndose señales entre sí vía Internet, a través de lo que se está convirtiendo básicamente en una mente-colmena o una conciencia unificada.

 

 

Y si esto no demuestra un gran cambio y renacimiento, no sé qué cosa podría serlo.

 

 

 

 

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El Homo Sapiens versus Internet

La humanidad ha comenzado una relación a largo plazo con Internet. Ahora somos mucho más capaces como especie. Pero investigaciones recientes en psicología sugieren que, de alguna manera, no fuimos creados para esto, y tendremos que aprender algunos trucos nuevos para sobrevivir.

 

 

Internet ha prometido mucho. Tiene la capacidad de dar voz a los sin voz y proporcionar un conducto para la libre expresión. Ha sido considerado como el gran héroe de la libertad de expresión, y es precisamente por esta razón que Internet sigue siendo tan fuertemente censurada en países con regímenes autoritarios. Desde el punto de vista del dictador, el acceso sin restricciones a Internet puede parecer tremendamente amenazante, y con toda probabilidad, lo es. La comunicación sin restricciones puede diseminar contagios virales como los conceptos de libertad de expresión, gobierno representativo, libertad religiosa, derechos humanos y democracia. Honestamente, ¿cómo podría un dictador respetable NO encauzar qué ideas podrían “infectar” a su población?

 

2017, sin embargo, ha sido un año excepcional para las preocupaciones sobre cómo los gigantes de internet pueden influir en el mundo. Primero llamó la atención cuando Gizmodo publicó una serie de artículos que exponían los procesos detrás de cómo las “tendencias de noticias” ( trending news ) de Facebook eran realmente “tendencias”. Incluía muchos descubrimientos alarmantes, incluso la revelación de que gran parte de las noticias que son realmente una tendencia son colocadas cotidianamente en una “lista negra”, por razones ideológicas. También citaron textualmente a antiguos empleados que trabajaban en el equipo de curadores de novedades de Facebook. Estos trabajadores describieron cómo Facebook insertaría noticias por motivos ideológicos (que en realidad no constituyen una tendencia) en las tendencias de noticias, así como también cómo “suprimían rutinariamente las noticias conservadoras”.

 

Uno no necesita ser un admirador de los medios conservadores para darse cuenta que estas actividades podrían ser problemáticas. El Comité de Comercio del Senado de EE. UU lanzó rápidamente una investigación sobre la curaduría de noticias de Facebook, pero para la mayoría de la gente esta noticia apenas apareció en su radar. De hecho, quienes están de acuerdo con las inclinaciones políticas del personal de curación de Facebook incluso pueden haberlo aplaudido por defender su punto de vista ilustrado. Sin embargo, es poco probable que esas mismas personas sigan aplaudiendo ahora, ya que se ha sabido que en los últimos días Facebook y Twitter recibieron cantidades significativas de dinero respaldado por el Kremlin para promover contenidos incendiarios y “noticias falsas” en un esfuerzo por desestabilizar a los Estados Unidos durante la elección. Estos anuncios, vistos por más de 10,000,000 de personas, incluyeron imágenes de una mujer negra disparando un arma, para promover tensiones raciales, y a Hilary Clinton tras las rejas con la leyenda “Bloquéala!” (NdeT: “Lock her up” en el original,  una expresión que se puede traducir como “Bloquéala”, pero también como “Enciérrala”).

 

En el transcurso de unos pocos meses, Facebook ha logrado generar inquietudes desde todos los rincones del espectro político, pero Facebook no está solo. Google, Twitter y otros están envueltos en nuevas sospechas e incluso acciones legales, ya que los individuos, las organizaciones y los legisladores comienzan a percibir varias amenazas por parte de estos titanes en línea. Pero… ¿cuánto importa todo esto? ¿No somos todos capaces de tomar nuestras propias decisiones? ¿El “lavado de cerebro” es realmente así de fácil? ¿No somos capaces de llegar a nuestras propias conclusiones? Las respuestas son un sí y un no al mismo tiempo. Como especie apenas hemos tomado contacto con Internet, pero de alguna manera ya nos hemos comprometido una relación de por vida. Esta relación tiene muchas promesas, e incluso podemos llegar a ser realmente almas gemelas, pero es importante que también nos demos cuenta de antemano, que de alguna manera no fuimos creados para esto. Investigaciones recientes en los campos de la sociología y la psicología han arrojado una luz importante sobre algunas formas en que Internet juega con nuestros marcadores sociales más primordiales. Tenemos que estar en guardia para asegurarnos de poder mantener nuestra propio criterio en esta nueva relación con una interconectividad algorítmica masiva.

 

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La Evolución y el Presidente Trump

 

 

En el base de la digestión de la información en línea está la propensión evolutiva a interpretar los contenidos como señales o marcadores sociales. En el caso de las “ trending news”, Facebook estaba presentando una imagen fabricada del mundo social que se parece más a un mundo que los curadores aprobarían, mas que el mundo real en el que vivimos. Este mundo manufacturado se presenta luego como realidad social. No importa de qué lado venga, esto no es algo trivial.

 

Los humanos estamos construidos para usar la atención como una señal de prestigio. Entonces luego usamos el prestigio como una señal de autoridad para la cual estamos constantemente en la búsqueda de subordinados. Joseph Henrich y Francisco J. Gil-White, mientras estudiaban en las Universidades de Michigan y Pensilvania respectivamente, describen una teoría acerca de “bienes de información”. Muestran que los humanos, a diferencia de los chimpancés, usan “prestigio relativo” para asignar estatus, y luego usan ese estatus como una señal de qué creer y emular.

 

El problema es que este mecanismo evolutivo se desarrolló mucho antes que los medios masivos de comunicación. Se desarrolló a través de la observación directa. El cazador que obtiene la mayor atención es probablemente el tipo que más a menudo regresa con las presas más grandes. Por lo tanto, confiar en la atención que los demás le dispensan para encolumnarte detrás de él fue un mecanismo adaptativo útil. Internet es particularmente hábil para codificar estas señales. Estamos hechos para creer que ver a otros prestar atención a alguien, o algo, indica la capacidad de que ese alguien te enseñe algo útil. Por lo tanto, implícitamente conectamos la atención con prestigio y el prestigio con sabiduría.

 

El presidente Trump, que tiene un historial objetivamente pésimo con la verdad, proporciona un ejemplo de esto. Una enorme franja de la Nación, supongo que la mayoría personas razonables y bien adaptadas, lo describen como confiable, a pesar de lo que la otra mitad, que supongo también son personas en su mayoría razonables y adaptadas, sienten que existe una obvia y condenatoria evidencia de lo contrario . Sus seguidores están rodeados, física o digitalmente, por otros que también le están prestando atención. Por lo tanto alguna parte básica, incluso primordial, de su cerebro les indica que es alguien que merece atención, emulación y confianza. Creen en él, al menos en parte, debido a su capacidad de atraer atención, lo que les da la pauta de su confiabilidad. Cuando cada uno de los tweets del presidente Trump, para sus 40 millones de seguidores, y ahora para todo el mundo, recibe cientos de miles de me gusta y retweets, no debería sorprendernos que no necesite hacer nada para ganarse esa confianza. Él solo necesitaba llamar la atención sobre sí mismo, y luego afirmar que se merece la confianza. La atención lograda apoya su reclamo.

 

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Buscando la Realidad a través de Algoritmos

 

Todo esto también tiene enormes ramificaciones para nuestro consumo de noticias, el uso de algoritmos de personalización y la tendencia general a rodearnos de aquellos como nosotros. Nuevamente, esto no es algo trivial. Las decisiones “secretas” que se ejecutan en los algoritmos que están detrás de lo que se nos muestra en pantalla pueden ser extremadamente poderosas. Robert Epstein, el reconocido psicólogo y ex Editor en Jefe de Psychology Today, publicó una serie de experimentos que realizó recientemente con Ronald E. Robertson en los que participaron más de 4.500 votantes indecisos. Pudo demostrar que el algoritmo de búsqueda de Google tiene el poder de “cambiar las preferencias de voto de los votantes indecisos en un 20 por ciento” y, para algunos segmentos demográficos, incluso hasta en un 80 por ciento. Todo esto , hay que resaltar , logrado sin que los votantes fueran conscientes de ninguna manipulación. Ellos llamaron a este fenómeno “efecto de manipulación del motor de búsqueda”. Estos hallazgos los alarmaron y los impulsaron a fundar un nuevo grupo de investigación, “The Sunlight Society “, dedicado a estudiar específicamente cómo las nuevas tecnologías podrían afectar “la democracia y la libertad humana”.

 

Desde un punto de vista social y sociológico, a menudo no tomamos con la adecuada seriedad a las plataformas como Facebook y Google. Facebook, por ejemplo, tiene algunas ambiciosas intenciones cuando se trata de noticias. En junio pasado, le preguntaron a Mark Zuckerberg sobre el rol que ve para Facebook respecto de las noticias, y afirmó su intención es que Facebook se convierta en “la principal experiencia de noticias que tiene la gente”. El veintisiete por ciento de la raza humana es usuaria activa de Facebook, por lo que entonces hay un problema cuando nos hacen creer en la existencia de reflexiones ‘imparciales’ acerca del mundo social que nos rodea, que en realidad es una visión cuidadosamente construida y aprobada que se hace pasar por “lo que todos piensan”.

 

Los clics, los “Me gusta” y los contenidos compartidos nos señalan lo que creemos que merece nuestra atención, y nos guste o no, eso influye en cómo nosotros y los demás vemos el mundo. Esa interacción se empequeñece si en lugar de obtener lo que otros realmente piensan que es importante, obtenemos en su lugar lo que un algoritmo, o algunos jóvenes ingenieros sociales en Facebook, Google o Twitter, preferirían que pienses que es importante. En ese nivel, no es tan diferente de la censura que detestamos en China, Corea del Norte o Rusia ( algo que esos gobiernos a menudo hacen). Ellos pueden, y de hecho lo hacen, controlar lo que está escrito en las noticias, pero al menos existe gente con conocimiento dentro de esos países que saben que hay censura, y leen las noticias con un cierto grado de escepticismo. Sin embargo, con la velocidad y la ubicuidad que la mayoría de los 2 mil millones de usuarios de Facebook interpretan y reaccionan a sus feeds de noticias, es probable que esto último no suceda.

 

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Personas como nosotros… Montones y Montones de ellos

 

Internet también puede desafiar a la democracia de maneras mucho más sutiles. Ya sea estándo “ on line” , como fuera de línea, tendemos a gravitar hacia aquellos como nosotros. Los psicólogos lo llaman homofilia. La diferencia entre estar “ on line”  y fuera de línea es que en Internet nunca nos vemos obligados a sentarnos y tener una conversación cara a cara con alguien con quien no estamos de acuerdo. Más bien, podemos unirnos a miles, o millones, de “ amigos” con ideas afines en la promoción, condena, ridiculización y eventual cruzada en contra de aquellos que están en el “otro lado”.

 

La investigación sobre la polarización de grupos ha demostrado que la interelación con individuos de ideas afines tiende a llevar a grupos e individuos hacia un punto más extremo que el que marcaban sus opiniones previas. En otras palabras, las personas que tienen puntos de vista moderados,  con matices o más inclusivos en un principio, después de hablar con otros con su misma opinión, tienden a experimentar una forma de radicalización donde se aferran de manera más firme a sus creencias originales, y en realidad las llevan a niveles más extremos.

 

Esto se llama efecto cámara de eco, y actúa en base a esas mismas inclinaciones evolutivas. Volviendo a los seguidores de Trump, ya sea que lo pensemos conscientemente o no, hay una parte de nuestro cerebro evolucionado que dice “ ¡ 137,000 personas más están de acuerdo conmigo! Debo estar en lo cierto, SEGURAMENTE, ¿verdad? “. Pero del “otro lado “ también están haciendo lo mismo (Bernie Sanders tuvo más de 150,000 retweets ayer). El mismo fenómeno ocurre en cualquier otro lado. Estamos cada vez más seguros de que tenemos cada vez más razón sobre más y más cosas que también estamos seguros de que son cada vez más apocalípticamente importantes. Internet es en parte la razón por la cual sucede esto. De repente, la democracia no se trata ya de discutir ideas en la plaza del pueblo y luego elegir al ganador en la boleta electoral, sino mas bien de una guerra existencial en un juego de altas apuestas de un enorme “nosotros” versus un enorme “ellos”.

 

Lo mismo ocurre con las noticias, “falsas” o no. La investigación psicológica ha demostrado que oír repetidamente una mentira nos hace creerla cada vez más, incluso si sabemos que es completamente falsa. Otro experimento psicológico descubrió que incluso cuando se les indicaba a personas que simplemente escribieran un párrafo para defender lo que sabían que era una mentira, la creían cada vez más. Aún más condenatorio es la investigación que muestra que cuando nos comentan acerca de un “hecho”, incluso cuando la fuente original nos diga luego que la información no es cierta, seguimos considerándolo en nuestras decisiones, y al menos hasta cierto punto , creyéndolo. Si hay algo en lo que los impulsores de noticias on line , las redes sociales y Donald Trump son buenos, es la repetición. Y es increíblemente difícil descreer en algo.

 

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¿Qué se debe hacer? Los hallazgos en psicología sugieren que ya tendemos a pensar que las personas están de acuerdo con nosotros más de lo que realmente lo hacen (esto se llama sesgo de consenso falso). También tendemos a buscar cosas que concuerden con lo que ya pensamos (sesgo de confirmación). No estamos, sin embargo, condenados a estos destinos, pero sin un esfuerzo consciente, casi siempre es nuestra inclinación inicial. La pregunta es, ¿cuántos esfuerzos conscientes tiene que dedicar cualquiera de nosotros al examinar los flujos sociales de nuestras vidas en línea? Agreguemos a esto el impulso evolutivo de confiar y seguir a aquellos que están recibiendo la mayor atención, combinado con la capacidad casi milagrosa de rodear nuestro “ yo “ digital con lo que otros están prestando atención, y hay motivos de preocupación. La celebridad es confiable, los “me gusta” son la validación y lo que está en juego es cada vez más extremo.

 

No odio la tecnología. Amo la tecnología por el bien que significa que puedohacer. Vivo en el corazón de Silicon Valley y la tecnología esta en el centro de mi carrera. Compré el primer teléfono con Android (¡el G1!), Y ahora espero conseguir el iPhone más nuevo cada otoño (¡perdón, Google!). No quiero que mi jefe vea mi historial de navegación simplemente por la cantidad de tiempo que paso leyendo las noticias. Pero hay un fuerte caso en favor de que sin un trabajo reflexivo por parte de los individuos, compañías y gobiernos, podemos estar muy poco preparados como especie para la relación con la tecnología en la que ya estamos sumergidos.

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