El Homo Sapiens versus Internet

La humanidad ha comenzado una relación a largo plazo con Internet. Ahora somos mucho más capaces como especie. Pero investigaciones recientes en psicología sugieren que, de alguna manera, no fuimos creados para esto, y tendremos que aprender algunos trucos nuevos para sobrevivir.

 

 

Internet ha prometido mucho. Tiene la capacidad de dar voz a los sin voz y proporcionar un conducto para la libre expresión. Ha sido considerado como el gran héroe de la libertad de expresión, y es precisamente por esta razón que Internet sigue siendo tan fuertemente censurada en países con regímenes autoritarios. Desde el punto de vista del dictador, el acceso sin restricciones a Internet puede parecer tremendamente amenazante, y con toda probabilidad, lo es. La comunicación sin restricciones puede diseminar contagios virales como los conceptos de libertad de expresión, gobierno representativo, libertad religiosa, derechos humanos y democracia. Honestamente, ¿cómo podría un dictador respetable NO encauzar qué ideas podrían “infectar” a su población?

 

2017, sin embargo, ha sido un año excepcional para las preocupaciones sobre cómo los gigantes de internet pueden influir en el mundo. Primero llamó la atención cuando Gizmodo publicó una serie de artículos que exponían los procesos detrás de cómo las “tendencias de noticias” ( trending news ) de Facebook eran realmente “tendencias”. Incluía muchos descubrimientos alarmantes, incluso la revelación de que gran parte de las noticias que son realmente una tendencia son colocadas cotidianamente en una “lista negra”, por razones ideológicas. También citaron textualmente a antiguos empleados que trabajaban en el equipo de curadores de novedades de Facebook. Estos trabajadores describieron cómo Facebook insertaría noticias por motivos ideológicos (que en realidad no constituyen una tendencia) en las tendencias de noticias, así como también cómo “suprimían rutinariamente las noticias conservadoras”.

 

Uno no necesita ser un admirador de los medios conservadores para darse cuenta que estas actividades podrían ser problemáticas. El Comité de Comercio del Senado de EE. UU lanzó rápidamente una investigación sobre la curaduría de noticias de Facebook, pero para la mayoría de la gente esta noticia apenas apareció en su radar. De hecho, quienes están de acuerdo con las inclinaciones políticas del personal de curación de Facebook incluso pueden haberlo aplaudido por defender su punto de vista ilustrado. Sin embargo, es poco probable que esas mismas personas sigan aplaudiendo ahora, ya que se ha sabido que en los últimos días Facebook y Twitter recibieron cantidades significativas de dinero respaldado por el Kremlin para promover contenidos incendiarios y “noticias falsas” en un esfuerzo por desestabilizar a los Estados Unidos durante la elección. Estos anuncios, vistos por más de 10,000,000 de personas, incluyeron imágenes de una mujer negra disparando un arma, para promover tensiones raciales, y a Hilary Clinton tras las rejas con la leyenda “Bloquéala!” (NdeT: “Lock her up” en el original,  una expresión que se puede traducir como “Bloquéala”, pero también como “Enciérrala”).

 

En el transcurso de unos pocos meses, Facebook ha logrado generar inquietudes desde todos los rincones del espectro político, pero Facebook no está solo. Google, Twitter y otros están envueltos en nuevas sospechas e incluso acciones legales, ya que los individuos, las organizaciones y los legisladores comienzan a percibir varias amenazas por parte de estos titanes en línea. Pero… ¿cuánto importa todo esto? ¿No somos todos capaces de tomar nuestras propias decisiones? ¿El “lavado de cerebro” es realmente así de fácil? ¿No somos capaces de llegar a nuestras propias conclusiones? Las respuestas son un sí y un no al mismo tiempo. Como especie apenas hemos tomado contacto con Internet, pero de alguna manera ya nos hemos comprometido una relación de por vida. Esta relación tiene muchas promesas, e incluso podemos llegar a ser realmente almas gemelas, pero es importante que también nos demos cuenta de antemano, que de alguna manera no fuimos creados para esto. Investigaciones recientes en los campos de la sociología y la psicología han arrojado una luz importante sobre algunas formas en que Internet juega con nuestros marcadores sociales más primordiales. Tenemos que estar en guardia para asegurarnos de poder mantener nuestra propio criterio en esta nueva relación con una interconectividad algorítmica masiva.

 

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La Evolución y el Presidente Trump

 

 

En el base de la digestión de la información en línea está la propensión evolutiva a interpretar los contenidos como señales o marcadores sociales. En el caso de las “ trending news”, Facebook estaba presentando una imagen fabricada del mundo social que se parece más a un mundo que los curadores aprobarían, mas que el mundo real en el que vivimos. Este mundo manufacturado se presenta luego como realidad social. No importa de qué lado venga, esto no es algo trivial.

 

Los humanos estamos construidos para usar la atención como una señal de prestigio. Entonces luego usamos el prestigio como una señal de autoridad para la cual estamos constantemente en la búsqueda de subordinados. Joseph Henrich y Francisco J. Gil-White, mientras estudiaban en las Universidades de Michigan y Pensilvania respectivamente, describen una teoría acerca de “bienes de información”. Muestran que los humanos, a diferencia de los chimpancés, usan “prestigio relativo” para asignar estatus, y luego usan ese estatus como una señal de qué creer y emular.

 

El problema es que este mecanismo evolutivo se desarrolló mucho antes que los medios masivos de comunicación. Se desarrolló a través de la observación directa. El cazador que obtiene la mayor atención es probablemente el tipo que más a menudo regresa con las presas más grandes. Por lo tanto, confiar en la atención que los demás le dispensan para encolumnarte detrás de él fue un mecanismo adaptativo útil. Internet es particularmente hábil para codificar estas señales. Estamos hechos para creer que ver a otros prestar atención a alguien, o algo, indica la capacidad de que ese alguien te enseñe algo útil. Por lo tanto, implícitamente conectamos la atención con prestigio y el prestigio con sabiduría.

 

El presidente Trump, que tiene un historial objetivamente pésimo con la verdad, proporciona un ejemplo de esto. Una enorme franja de la Nación, supongo que la mayoría personas razonables y bien adaptadas, lo describen como confiable, a pesar de lo que la otra mitad, que supongo también son personas en su mayoría razonables y adaptadas, sienten que existe una obvia y condenatoria evidencia de lo contrario . Sus seguidores están rodeados, física o digitalmente, por otros que también le están prestando atención. Por lo tanto alguna parte básica, incluso primordial, de su cerebro les indica que es alguien que merece atención, emulación y confianza. Creen en él, al menos en parte, debido a su capacidad de atraer atención, lo que les da la pauta de su confiabilidad. Cuando cada uno de los tweets del presidente Trump, para sus 40 millones de seguidores, y ahora para todo el mundo, recibe cientos de miles de me gusta y retweets, no debería sorprendernos que no necesite hacer nada para ganarse esa confianza. Él solo necesitaba llamar la atención sobre sí mismo, y luego afirmar que se merece la confianza. La atención lograda apoya su reclamo.

 

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Buscando la Realidad a través de Algoritmos

 

Todo esto también tiene enormes ramificaciones para nuestro consumo de noticias, el uso de algoritmos de personalización y la tendencia general a rodearnos de aquellos como nosotros. Nuevamente, esto no es algo trivial. Las decisiones “secretas” que se ejecutan en los algoritmos que están detrás de lo que se nos muestra en pantalla pueden ser extremadamente poderosas. Robert Epstein, el reconocido psicólogo y ex Editor en Jefe de Psychology Today, publicó una serie de experimentos que realizó recientemente con Ronald E. Robertson en los que participaron más de 4.500 votantes indecisos. Pudo demostrar que el algoritmo de búsqueda de Google tiene el poder de “cambiar las preferencias de voto de los votantes indecisos en un 20 por ciento” y, para algunos segmentos demográficos, incluso hasta en un 80 por ciento. Todo esto , hay que resaltar , logrado sin que los votantes fueran conscientes de ninguna manipulación. Ellos llamaron a este fenómeno “efecto de manipulación del motor de búsqueda”. Estos hallazgos los alarmaron y los impulsaron a fundar un nuevo grupo de investigación, “The Sunlight Society “, dedicado a estudiar específicamente cómo las nuevas tecnologías podrían afectar “la democracia y la libertad humana”.

 

Desde un punto de vista social y sociológico, a menudo no tomamos con la adecuada seriedad a las plataformas como Facebook y Google. Facebook, por ejemplo, tiene algunas ambiciosas intenciones cuando se trata de noticias. En junio pasado, le preguntaron a Mark Zuckerberg sobre el rol que ve para Facebook respecto de las noticias, y afirmó su intención es que Facebook se convierta en “la principal experiencia de noticias que tiene la gente”. El veintisiete por ciento de la raza humana es usuaria activa de Facebook, por lo que entonces hay un problema cuando nos hacen creer en la existencia de reflexiones ‘imparciales’ acerca del mundo social que nos rodea, que en realidad es una visión cuidadosamente construida y aprobada que se hace pasar por “lo que todos piensan”.

 

Los clics, los “Me gusta” y los contenidos compartidos nos señalan lo que creemos que merece nuestra atención, y nos guste o no, eso influye en cómo nosotros y los demás vemos el mundo. Esa interacción se empequeñece si en lugar de obtener lo que otros realmente piensan que es importante, obtenemos en su lugar lo que un algoritmo, o algunos jóvenes ingenieros sociales en Facebook, Google o Twitter, preferirían que pienses que es importante. En ese nivel, no es tan diferente de la censura que detestamos en China, Corea del Norte o Rusia ( algo que esos gobiernos a menudo hacen). Ellos pueden, y de hecho lo hacen, controlar lo que está escrito en las noticias, pero al menos existe gente con conocimiento dentro de esos países que saben que hay censura, y leen las noticias con un cierto grado de escepticismo. Sin embargo, con la velocidad y la ubicuidad que la mayoría de los 2 mil millones de usuarios de Facebook interpretan y reaccionan a sus feeds de noticias, es probable que esto último no suceda.

 

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Personas como nosotros… Montones y Montones de ellos

 

Internet también puede desafiar a la democracia de maneras mucho más sutiles. Ya sea estándo “ on line” , como fuera de línea, tendemos a gravitar hacia aquellos como nosotros. Los psicólogos lo llaman homofilia. La diferencia entre estar “ on line”  y fuera de línea es que en Internet nunca nos vemos obligados a sentarnos y tener una conversación cara a cara con alguien con quien no estamos de acuerdo. Más bien, podemos unirnos a miles, o millones, de “ amigos” con ideas afines en la promoción, condena, ridiculización y eventual cruzada en contra de aquellos que están en el “otro lado”.

 

La investigación sobre la polarización de grupos ha demostrado que la interelación con individuos de ideas afines tiende a llevar a grupos e individuos hacia un punto más extremo que el que marcaban sus opiniones previas. En otras palabras, las personas que tienen puntos de vista moderados,  con matices o más inclusivos en un principio, después de hablar con otros con su misma opinión, tienden a experimentar una forma de radicalización donde se aferran de manera más firme a sus creencias originales, y en realidad las llevan a niveles más extremos.

 

Esto se llama efecto cámara de eco, y actúa en base a esas mismas inclinaciones evolutivas. Volviendo a los seguidores de Trump, ya sea que lo pensemos conscientemente o no, hay una parte de nuestro cerebro evolucionado que dice “ ¡ 137,000 personas más están de acuerdo conmigo! Debo estar en lo cierto, SEGURAMENTE, ¿verdad? “. Pero del “otro lado “ también están haciendo lo mismo (Bernie Sanders tuvo más de 150,000 retweets ayer). El mismo fenómeno ocurre en cualquier otro lado. Estamos cada vez más seguros de que tenemos cada vez más razón sobre más y más cosas que también estamos seguros de que son cada vez más apocalípticamente importantes. Internet es en parte la razón por la cual sucede esto. De repente, la democracia no se trata ya de discutir ideas en la plaza del pueblo y luego elegir al ganador en la boleta electoral, sino mas bien de una guerra existencial en un juego de altas apuestas de un enorme “nosotros” versus un enorme “ellos”.

 

Lo mismo ocurre con las noticias, “falsas” o no. La investigación psicológica ha demostrado que oír repetidamente una mentira nos hace creerla cada vez más, incluso si sabemos que es completamente falsa. Otro experimento psicológico descubrió que incluso cuando se les indicaba a personas que simplemente escribieran un párrafo para defender lo que sabían que era una mentira, la creían cada vez más. Aún más condenatorio es la investigación que muestra que cuando nos comentan acerca de un “hecho”, incluso cuando la fuente original nos diga luego que la información no es cierta, seguimos considerándolo en nuestras decisiones, y al menos hasta cierto punto , creyéndolo. Si hay algo en lo que los impulsores de noticias on line , las redes sociales y Donald Trump son buenos, es la repetición. Y es increíblemente difícil descreer en algo.

 

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¿Qué se debe hacer? Los hallazgos en psicología sugieren que ya tendemos a pensar que las personas están de acuerdo con nosotros más de lo que realmente lo hacen (esto se llama sesgo de consenso falso). También tendemos a buscar cosas que concuerden con lo que ya pensamos (sesgo de confirmación). No estamos, sin embargo, condenados a estos destinos, pero sin un esfuerzo consciente, casi siempre es nuestra inclinación inicial. La pregunta es, ¿cuántos esfuerzos conscientes tiene que dedicar cualquiera de nosotros al examinar los flujos sociales de nuestras vidas en línea? Agreguemos a esto el impulso evolutivo de confiar y seguir a aquellos que están recibiendo la mayor atención, combinado con la capacidad casi milagrosa de rodear nuestro “ yo “ digital con lo que otros están prestando atención, y hay motivos de preocupación. La celebridad es confiable, los “me gusta” son la validación y lo que está en juego es cada vez más extremo.

 

No odio la tecnología. Amo la tecnología por el bien que significa que puedohacer. Vivo en el corazón de Silicon Valley y la tecnología esta en el centro de mi carrera. Compré el primer teléfono con Android (¡el G1!), Y ahora espero conseguir el iPhone más nuevo cada otoño (¡perdón, Google!). No quiero que mi jefe vea mi historial de navegación simplemente por la cantidad de tiempo que paso leyendo las noticias. Pero hay un fuerte caso en favor de que sin un trabajo reflexivo por parte de los individuos, compañías y gobiernos, podemos estar muy poco preparados como especie para la relación con la tecnología en la que ya estamos sumergidos.

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Enlace a la noticia original en Idioma Ingles:   https://hackernoon.com/homo-sapiens-versus-the-internet-57fa096c09ab

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