Están Hechos los Humanos para Ser Felices ?

Hoy en día, el concepto de la felicidad parece estar presente permanentemente en nuestras mentes.

 

Reflexionamos sobre las cosas que nos dan placer y pensamos en cómo incorporar más de ellas en nuestras vidas. Debatimos sobre cómo lidiar con los trastornos mentales y la depresión. Combatimos la soledad, la crítica y la negatividad regularmente.

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 4 por ciento de la población mundial sufre de depresión. Las pérdidas económicas globales llegan a un total de más de 1 trillón de dólares anuales debido a la disminución de la productividad. Cuando la gente se fatiga o se estresa, les resulta mas difícil resolver los problemas que surgen tanto en el trabajo como en el hogar.

 

Si estamos tan obsesionados con la felicidad, ¿Por qué estamos generalmente tan desdichados?

 

Nuestra Obsesión con la Felicidad

 

Irónicamente, nuestra cultura orientada a hacernos mas felices podría ser la fuente de nuestra infelicidad.

 

En un estudio, se pidió a tres grupos de participantes que resolvieran una serie de problemas. Un grupo fue llevado a una “habitación feliz”, llena de libros sobre la felicidad, la motivación y fotos de personas en vacaciones. Aquí, se les pidió que resolvieran una serie de tareas imposibles de hacer.

 

Al segundo grupo también se le pidió que completara el mismo conjunto de tareas, pero en un sala normal, sin libros ni posters. Al tercer grupo se le pidió que completara una serie de tareas diferente en la “habitación feliz”, la diferencia era que las tareas podían resolverse.

 

Al final del estudio, el grupo que no pudo resolver los problemas en la primer habitación tenía tres veces más chances de quedar atrapados rumiando sus errores comparado con aquellos que habían intentado y fallado la misma actividad en la sala común. El primer grupo también tuvo una mayor cantidad de pensamientos negativos. El tercer grupo, que fue el que completo las tareas exitosamente en la primer habitación, no tuvo pensamientos negativos ni tampoco se quedo pensando sobre los problemas.

 

Cuando trasladamos estos hallazgos al contexto de nuestra sociedad, podemos ver cómo nuestro entorno afecta nuestros estados de ánimo. Los anuncios publicitarios generalmente muestran grupos de personas riéndose, nuestros amigos publican imágenes de sí mismos pasando buenos momentos y los mensajes motivacionales nos incentivan a mantenernos optimistas y positivos.

 

Sentirse diferente crea una sensación de aislamiento y soledad. Tal como sucedió a los participantes del estudio, el estar rodeado de felicidad cuando fallamos aumenta nuestra negatividad.

 

La pregunta es entonces: ¿Cómo debería ser nuestro enfoque acerca de la felicidad?
Para responder esto, veamos su origen.

 

El Origen de la Felicidad

 

La felicidad ha sido discutida ampliamente en muchas culturas, desde los antiguos Griegos y Romanos, pasando por las religiones Budistas e Hindúes, e incluso los Vikingos. Los filósofos griegos Sócrates y Platón hablaron de este concepto por primera vez alrededor del año 400 AC, algo que luego Aristóteles proseguiría desarrollando.

 

De forma interesante, la palabra que los griegos usaron para describir este fenómeno fue “eudaimonia”. La primer parte “eu” se traduce en “bueno” y la segunda mitad “daimon” se traduce como “espíritu”. Aunque esta palabra fue traducida como “felicidad”, una mejor manera de describirla seria “humano floreciente” o “buena vida”.

 

Aunque generalmente pensamos de la felicidad como una emoción, alegria o simplemente un impulso para sonreír, los antiguos filósofos veían la felicidad como una virtud. Según Aristóteles, la felicidad consiste en la realización de nuestros propósitos. Para los humanos, esto significa participar en actividades racionales y pensar mientras se vive con honestidad, justicia, coraje y confianza.

 

En la filosofía clásica, la felicidad no se trata de una emoción. De hecho, alguien puede pasar por grandes infortunios y seguir siendo feliz basado en sus acciones y pensamientos. Eudaimonia se trata de vivir bien como ser humano, independientemente de las circunstancias.

 

Esto difiere bastante del concepto moderno de la felicidad. Nosotros tendemos a ver a la felicidad como un estado emocional, donde disfrutamos la excitación de nuestros logros, o nos sentimos a salvo del estrés y el sufrimiento del mundo. Es algo emocionante y euforizante, pero tiende a ser fugaz. La eudaimonia, por otro lado, es un estado perpetuo del ser.

 

Si seguimos la antigua definición griega, la felicidad no era alcanzable por la gran mayoría de las personas. Tomaba entendimiento, disciplina y trabajo duro. Si bien muchos aspiraban a ella, pocos la lograban.

 

Para que están hechos los Humanos

 

Ansiamos satisfacción. Queremos alcanzar un estado permanente de euforia, donde todos nuestros problemas se resuelven y nuestras preocupaciones desaparecen. Aunque es un buen pensamiento, es irreal.

 

Nosotros no podemos permanecer en el mismo estado de ánimo para siempre. Las emociones, naturalmente, tienen altibajos, sin importar los cambios o la falta de ellos en nuestras vidas. Entonces, si no estamos hechos para ser felices, de acuerdo con la definición moderna de la felicidad, ¿Para qué estamos hechos?

 

Consideremos lo siguiente: los humanos no están hechos para ser felices. Los humanos están hechos para sobrevivir.

 

No estamos destinados a quedar atrapados constantemente en un mismo estado emocional. Pensándolo un poco: si estás constantemente satisfecho con el status quo, entonces cualquier motivación que pudieras tener desaparecería.

 

Recordá la última vez que estuviste realmente emocionado por algo. Tal vez te deleitaste cuando recibiste una oferta por tu trabajo soñado, completaste una maratón o te casaste. Tal vez estuviste en un intrépido viaje a Islandia o saliste con tus amigos hasta la madrugada.

 

Queremos que estos momentos duren para siempre. Si pudiéramos, los prolongaríamos por el mayor tiempo posible. Sin embargo, no duran mucho. Incluso si pudiéramos seguir reviviendo nuestros mejores momentos, nos cansaríamos de ellos tarde o temprano. Hacer algo una vez es emocionante. Hacer algo una y otra vez es una rutina. Si bien las rutinas suministran confort y seguridad, también pueden ser mundanas.

 

Eventualmente, vamos a querer más. Nos cansamos de nuestro rol, por lo que aspiramos a un ascenso o a un nuevo trabajo. Salir todo el tiempo se vuelve aburrido, por lo que empezamos a pensar en asentarnos.

 

Cuando pensamos nuestro propósito como supervivencia, la motivación detrás de nuestras acciones adquiere sentido. Tendemos a explorar lo desconocido para traer nuevos conocimientos y recursos para enriquecer nuestras vidas. Emprendemos algo nuevo y, a cambio, esperamos una mejor calidad de vida para nosotros y nuestras familias. Si no cumplimos esa necesidad de experimentar cosas nuevas, entonces nos intranquilizamos.

 

Como resultado, nos esforzamos por lograr cosas, superando obstáculos y dificultades para experimentar un fugaz momento de euforia. Cuando llegamos a ese momento, es emocionante. Pero a medida que pasa el tiempo, esto se calma. Entonces, volvemos al principio de aquel círculo vicioso (o dependiendo de cómo lo veas, círculo virtuoso) de felicidad.

 

Una Forma Realista de Ser Feliz

 

A lo largo de los siglos, la felicidad ha pasado por varias definiciones: fue una acción, una forma de vida y, más recientemente, una emoción. El problema con este última es que las emociones no duran. Las situaciones cambian. Solo podes sentirte satisfecho por un rato.

 

Pero cuando miras a la felicidad desde una perspectiva filosófica, como una forma de pensar y de vivir, podes ser feliz sin importar tu condición. En el pasado prehistórico, la felicidad se alcanzaba ayudando a la tribu a durar otro invierno, ya sea recolectando frutos o ayudando en la cacería. Hoy en día, la felicidad se consigue tratando a los demás amablemente o administrando las finanzas de la familia para ahorrar para la educación de los hijos.

 

Como Buda dijo una vez: “No hay camino hacia la felicidad: la felicidad es el camino”.

 

Sentirse deleitado por lograr un resultado deseado no es el objetivo final. ¿Por qué? Porque los sentimientos de emoción, decepción y tristeza desaparecen eventualmente. Lo único que queda es seguir actuando y creyendo de manera que mejore tu vida y la de los que te rodean.

 

Y si sucede algo que te traiga una sonrisa a la cara, aprecia ese momento mientras dura.

 

 

 

 

Enlaces Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *